EL VALOR DEL TERCER TIEMPO
por Martín Urribarri
 

Si hubo algo que siempre distinguió a nuestro deporte por sobre otros, fue el tercer tiempo. Esa rara palabra para algunos, que sostienen que tras el período complementario se termina toda actividad y que para nosotros, los que en las venas tenemos RH rugby, como dijera mi amigo Pedro Yacachury, alguna vez, es una parte realmente importante de toda contienda.

Desde los chicos de rugby infantil, a pesar de que hace algunos años algún "cráneo" intento desterrarlo a los veteranos, todos deben tener su tercer tiempo.

Sólo el rugbier puede entender lo que significa compartir ese momento con ocasionales rivales, que muchas veces son amigos de las salidas nocturnas o compañeros del colegio y que en ese momento no están a nuestro lado sino enfrente.

Sólo un rugbier sabe que ese es el momento para hacerle una consulta al árbitro, sobre alguna jugada que pudo haber generado duda.

Sólo un rugbier sabe que ese es el momento de analizar con el entrenador alguna cosa que no salió bien o convenir con él intensificar el trabajo en el scrum, line o ruck, de cara a los próximos compromisos.

Sólo un rugbier sabe lo molesto que es sentarse en un club donde no hay dirigentes y/o jugadores del rival, quienes no entendieron el mensaje y se dejan llevar por un resultado pasajero.

Sólo un rugbier valora lo que es tener un buen tercer tiempo y llegar, cansado, pero contento, bien tarde a casa donde la familia nos reclama.

Valoremos el tercer tiempo. Si alguien no nos atiende bien, nuestra obligación es agasajarlo de la mejor manera y enseñarle el camino, pues este es un rasgo distintitivo de nuestro deporte y no debemos permitir que esta llama se apague, por más dinero que pueda aparecer.

Volvamos a las fuentes en este aspecto. Tan mal no les fue a los que hicieron del tercer tiempo un culto y aún hoy se siguen escuchando las anécdotas e historias de formidables jornadas.

Afortunadamente, malos ejemplos se olvidan rápido y son díficiles de hallar en nuestra memoria.

 

PERIODISMO Y RUGBY
(*) la base es un trabajo de "Free Lance" (Hugo Mackerm) adaptado a los tiempos.
 

El rugby y el periodismo nunca se llevaron bien; unas veces porque una buena parte de la gente de rugby siente hacia el periodismo una mal disimulada desconfianza; otras porque el periodista no supo respetar el espíritu del deporte; otras porque no hay planificaciones serias en la difusión y todo queda encerrado en un círculo sin salida; otras porque no se busca la gente y los medios adecuados para las funciones de difusión periodísticas.

El recelo esta bastante difundido y me animaría a asegurar que representa el pensamiento de una rama importante del rugby. No nos olvidemos que hasta finales de la década del 80 quienes ejercemos el periodismo estábamos vedados a cualquier actividad en el rugby en una discriminación absurda. Tal vez lo mas jóvenes no lo sepan, pero la UAR les prohibía a los periodistas ser jugadores, entrenadores, referes, dirigentes o simple colaboradores.

Aunque coincido en no cualquiera puede entrar a una cancha de rugby, el aislamiento no va a salvar al rugby; también pienso en que el rugby debe mantener su espíritu a cualquier precio, siempre que el costo no sea involucionar.

Sin embargo algunas cifras en las categorías menores llaman la atención de todos, menos de los que debieran preocuparse.

LOS TRAPOS SUCIOS

Tampoco es válido aquellos de los"trapos sucios se lavan en casa", pues si la actividad es correcta nada hay que temer y si no lo fuere, la denuncia y la sanción deben ser ejemplares y públicos.
Por otro lado, el periodismo debe ser imparcial (no objetivo, como algunos pretenden) pero no puede ser conservador, aún a riesgo de errar alguna vez, pues de lo contrario sería negar la propia función.
Personalmente creo firmemente en la gran importancia del periodismo para nuestro deporte, por eso le dedico tanto tiempo. Todo avanza irrevocablemente; el rugby debe hacerlo o sucumbir, por ley natural.

Manejar férreamente ese crecimiento es el camino; difundir ese espíritu, la obligación. El desafío es mucho mayor que el que representaría encerrarse y desandar lo andado, pero el premio es fantástico.

El rugby como deporte depende de la integridad moral de quienes lo juegan y lo enseñan. El día que esa conducta desaparezca de la cancha, el rugby mismo estará condenado.

Son pocas las instituciones que manejan el rugby que publicitan y difunden sus actividades y algunas lo hacen por obligación, como haciendo un favor.

Es muy difícil en las Uniones y/o clubes encontrar rápidamente los resultados de una jornada y muchas veces jamás los publican, cuando es la esencia misma de la cosa. Se pasan la pelota unos a otros y nadie sabe nada.

Hay otros que se cobijan bajo ostentosos títulos y dicen que trabajan para la difusión y el desarrollo y cuando uno les pide algo siempre tienen problemas.

Si la idea es difundir un rugby abierto y para todos no se debe dejar afuera a los medios, a través de los periodistas.

No alcanza con el trabajo en los clubes, hay que meterlo en la sociedad.